Cada año, Miguel Ángel Silva deja su casa en Madrid y se traslada a la costa, donde su familia tiene una vivienda cerca de Guardamar del Segura. Allí los días transcurren paseando por la playa y disfrutando del tiempo y del ritmo veraniegos con sus seres queridos. Su tratamiento de diálisis continúa durante sus viajes de forma segura, constante y sin interferir en la vida que desea llevar, gracias al apoyo de su equipo asistencial en el centro.
Desde hace más de una década, Miguel convive con enfermedad renal crónica (ERC). Fue diagnosticado a los 37 años, tras experimentar cansancio, hinchazón y malestar persistente. Posteriormente supo que uno de sus riñones había dejado de funcionar y que el otro tenía una capacidad muy limitada.
Al principio, el diagnóstico le generó incertidumbre. Antes de enfermar, Miguel apenas conocía la enfermedad renal más allá de la función básica de los riñones de limpiar y filtrar la sangre. Empezar la diálisis le resultó abrumador y se preguntaba cómo sería su vida a partir de ese momento.
Con el tiempo, encontró la manera de seguir adelante.
“La diálisis es una carga importante en el día a día, pero me permite seguir viviendo”, explica. “Si no fuera por la diálisis, hoy no estaría aquí”.
Para Miguel, la diálisis forma parte de su vida, pero no lo es todo. Con los años ha aprendido la importancia de seguir las recomendaciones médicas, tomar la medicación prescrita y mantener una dieta adecuada para convivir mejor con la enfermedad renal. Su actitud positiva le ha ayudado a superar distintos retos, incluidas otras complicaciones médicas que han requerido nuevas pruebas y tratamientos. A pesar de todo, sigue centrado en cuidarse y aprovechar cada día.
También pone el foco en lo que el tratamiento le permite: más tiempo con su familia, la posibilidad de seguir creando, viajar y continuar con el estilo de vida que desea.
Cuando pasa los veranos cerca del mar, su rutina de diálisis cambia: de sesiones a primera hora en Madrid pasa a tratamientos por la tarde en la zona de Guardamar del Segura. Este cambio le permite disfrutar de todo el día en la playa y del tiempo con las personas que más quiere.
Durante las sesiones en el centro, a menudo dibuja de forma digital en su tablet, combinando su interés por las bellas artes, el diseño de joyería y la informática. La creatividad, la curiosidad y el sentido del humor siguen formando parte de su día a día. También la esperanza.
“La diálisis no me impide disfrutar de la vida”, afirma. “Simplemente me adapto”.
La posibilidad de continuar con su tratamiento mientras viaja requiere una cuidadosa coordinación por parte de su equipo asistencial. Conseguir el turno de diálisis adecuado, especialmente en épocas de alta demanda, implica planificación y trabajo conjunto. Una vez organizado, el objetivo es que el tratamiento continúe con total normalidad.
Este apoyo es muy importante para Miguel. Habla con agradecimiento del equipo médico, de enfermería, auxiliares y personal de apoyo del Centro de Diálisis de FME en Alcobendas (Madrid), donde ha recibido acompañamiento médico, emocional y educativo a lo largo de su tratamiento.
“Nos cuidan muchísimo”, comenta. “Los médicos, las enfermeras, los auxiliares… todo el equipo es maravilloso. Se preocupan de verdad por nosotros”.
Con los años, esas relaciones se han convertido en una fuente de confianza y tranquilidad. Lo que empezó siendo un lugar de tratamiento se ha transformado, en sus propias palabras, en algo parecido a una segunda familia.
“A pesar de llevar una carga mayor que la mayoría, Miguel vive con una alegría y una cercanía admirables”, señala Ana Blanco, directora médica del centro. “Siempre está aprendiendo y evolucionando, y saluda a todo el mundo con una sonrisa”.
Tras muchos años en diálisis, Miguel conoce bien el miedo que puede acompañar a un diagnóstico como la enfermedad renal crónica. Su mensaje para quienes empiezan es claro: aceptar la ayuda, confiar en el equipo sanitario y avanzar día a día.
“A quienes están empezando, les diría que no tengan miedo”, afirma. “Que confíen en los médicos y enfermeras, que sigan el tratamiento y que continúen adelante”.
Reconoce que hay momentos difíciles, pero también muchos buenos. Para Miguel, esos momentos suelen encontrarse en cosas sencillas: un paseo junto al mar, un dibujo en su tablet, una conversación en el centro de diálisis o un día de verano en familia.
“No es el final”, concluye. “Es el comienzo de algo bueno”.
Descubre a continuación la historia de Miguel Ángel Silva y escucha, en sus propias palabras, cómo la diálisis le ha ayudado a seguir viviendo con resiliencia, creatividad y esperanza.
Publication date: July 2026